La vida diaria está enfocada a la acción, por ello ante un reto la tendencia es a probarlo todo como manera de encontrar lo que funciona, y sí, alguna vez funciona (por eso repites el patrón), pero rara vez lo hace con esa precisión de que encaja al 100%. Así se construye una realidad “casi perfecta”. Pareja, trabajo, estudios… casi encaja. ¿Qué sucede? El patrón de la interferencia es parte del lote de una realidad cotidiana, ¿por qué? Porque te has olvidado de hacer algo que no has hecho ya que ni siquiera lo consideras: “No interferir”. Suena loco, ¿verdad? En un mundo donde la acción y la interferencia humana es constante, respaldada por expertos formados mediante estudios universitarios, ensayos, lecturas de manual de uso de la vida, pensar en “no hacer nada” es que uno ni se lo plantea.
Entremos en ello, pero antes quiero aclarar que “no interferir” o “no hacer nada” no significa dejarlo todo y sentarnos en el sofá a ver la tele, o irnos a la playa a tomar el Sol. No interferir significa no liarla más de lo que ya está liada. Si dejas de hacer algo contrario, no empeora. Pero hay algo más con lo que quizá no contabas… Vete a dormir y te lo explico.
Cuando duermes, tu cuerpo sin que tú te enteres se mueve para favorecer la circulación del corazón (entre otras cosas). O cuando estás concentrado/a en una conversación telefónica y empiezas a hacer dibujitos con el boli, o a caminar sin un rumbo fijo por tu apartamento, estas acciones “involuntarias” no son tan “aleatorias”. Tienen un sentido y te lo explico.
Mayormente todos hemos salido del vientre de una madre, dando forma a nuestro cuerpo vivo por un tiempo entre 7-9 meses. Es automático, tu madre no tiene que hacer nada, solo comer bien, caminar, respirar… No interferir y dejar a las fuerzas intermoleculares que hagan su trabajo. Estas fuerzas hacen lo que tienen que hacer porque están “aisladas” de la gravedad. Sin interferencias, externas, la vida ejecuta su programa y lo hace con bastante brillantez.
La materia viva nos muestra una prueba desde lo más evidente y que además “podemos medir”. Pero la gravedad sigue siendo un misterio para la ciencia cuando la encajamos desde lo puramente físico, y es la misma física la que nos permite entrar a niveles más elementales de la materia para dejarnos a los visionarios la tarea de encontrar las correspondencias con otro de los grandes misterios: la mente.
¿Qué os parece si las juntamos? En la práctica podemos hacerlo, usar la mente para mantenernos de pie o compensar un movimiento. Es algo casi instintivo, lo hacemos constantemente, por eso la mente nos invita a hacer algo más: hacerlo sin perder energía.
¿Sabéis? ¡Me encanta bailar! Puedo pasarme horas haciéndolo porque he aprendido a moverme sin que ello sea una lucha de vectores competiendo a ver quién puede más. Si buscas perder la mínima energía has de aprender a moverte bien. Veamos el mismo fenómeno en una acción todavía más cotidiana: mantenerse de pie ¿Sabes cuánta energía tienes que aplicar para controlar a ese brazo o pierna desbocada? ¿Recuerdas cuando empezaste a escribir? Parece que tenemos el movimiento “controlado”, conocemos sus leyes sí, pero en el momento de llevarlas a la práctica de la misma manera que lo hace un árbol, parece que estemos en la edad de piedra. Una acción tan simple como mantener el cuerpo de pie sin cansarse es algo que requiere su “arte”, pues aunque se expresen con micro-movimientos, las fuerzas son expresión de nuestros pensamientos, nuestra conducta. Te propongo un reto, apliquemos tu reciente descubrimiento: no hagas nada. Es decir, no apliques ninguna fuerza, como si fueras el “punto muerto” de un automóvil. De entrada parece algo imposible dejar ir esos caballos desbocados de tu musculatura cargados de información entrópica. Inténtalo, solo tienes que dejarte ir. Wow! Es casi imposible!
Parecía fácil… y de hecho lo es. Solo necesita un poco de práctica y pasar tu observación a “otro plano”: el de la pura atención, sin pensar en nada.
Genial! Aquí es donde la mente entra en el juego… Estás tan atento/a a observar esos micromovimientos naturales que ni te acuerdas de pensar en los límites que te tenían ocupado/a antes. Como un niño jugando o haciendo un dibujo. Simplemente lo haces. Acabas de vivir unos segundos de un estado “sin interferencias”, sin ruidos… entonces aparecen ante ti, allí están ellas, las fuerzas formadoras que conociste en el útero, regenerando tus tejidos, poniendo los ejes de tu estructura en un estado “entropía 0” para que no te canses. ¿Quieres conocerlas más? Acompaña su movimiento.
Si nadie te hubiera enseñado una lengua, una cultura, una religión, una manera de pensar, unos conocimientos… ¿Cómo serías?
Es simple, sin interferencias, eres tú.
©2026 Meritxell Castells – Mente Esfera
Academia de auto-descubrimiento basada en los patrones matemáticos de la Naturaleza